Hacer un revuelto con los huevos e incorporar las
gónadas de los erizos (que en su defecto pueden ser de lata).
Acompáñese de un pan tostadito y una copita de manzanilla. Si deja
rienda suelta a su imaginación, pensará que está en el paraíso. Sublime,
que diría el genial Dalí… y eso que los erizos o gaironas que el
degustaba no eran caleteros. ¡Salud!