ALMUERZO EN SEPTIMA MALTA (Cádiz 20-02-25)

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El plan de este bar es el de ofrecer algunos mariscos y guisos, amén de aperitivos tradicionales

Por proximidad con nuestro antiguo centro de operaciones, se nos planteó comprobar cómo funcionaba el bar Séptima Malta que, aunque llevaba abierto más de doce años, no lo habíamos visitado como grupo en ninguna ocasión. Leo Jiménez, propietario del bar, “acogió” a sus padres cuando cerraron el adyacente bar Coruña (que hace poco ha vuelto a abrir con nueva dirección), aunque su madre Mercedes ya oficiaba en la cocina desde hace mucho tiempo.

El plan de este bar es el de ofrecer algunos mariscos y guisos, amén de aperitivos tradicionales, aprovechando la mano que Mercedes tiene para esas preparaciones y el conocimiento que el padre de Leo, Antonio, tiene del marisco. La única pega que hemos tenido a la hora de evaluar el lugar es que escogimos, sin saberlo, el último día que Séptima Malta iba a estar abierto antes del carnaval para someterlo a unas obras de adecentamiento que, como nos dijeron, provocaron la ausencia de platos de cuchara y un desabastecimiento de material que influyó en la calidad de lo que se nos puso en la mesa. Los que conocemos las características del sitio estamos seguros de que volverán con más fuerza y con la misma, o mayor, calidad.

Así y todo, en esta ocasión pudimos degustar sus “papas aliñás”, muy bien hechas y con buena cantidad de atún, y los tomates rosas de Conil, perfectamente aliñados y de gran sabor. Como aperitivo siguieron unas cañaillas de buen tamaño y calidad, pero que adolecían de suficiente cocción, ya que estaban demasiado “crujientes”. Y tras ellas, unas raciones de galeras a las que, siguiendo la buena costumbre de algunos sitios, le habían cortado las púas laterales a tijera, con lo que se hacía fácil su consumo. Sin embargo, parecía que la cocción que faltaba en las cañaillas se había añadido en demasía a las galeras. Los chicharrones, sin embargo, sorprendieron a varios comensales porque estaban alejados de los cánones chicharroneros de la zona, ya que, más que chicharrones, se trataba de panceta guisada en manteca colorá, sin terminar de freír hasta churruscarla, lo que no evitaba que estuvieran muy tiernos y sabrosos.

Como paso previo a los platos cárnicos, apareció la joya de la corona, unas croquetas caseras (auténticamente caseras) de ortiguillas, melosas, enormemente sabrosas y fluidas. Una delicia.

Y ya los platos principales vinieron representados por unas albóndigas de ternera al oloroso muy bien cocinadas y gustosas, pero en las que se notaba demasiada harina en la masa, y una carrillada también magníficamente guisada y tierna, en la línea de este tipo de guisos, tras los cuales ya vinieron los cafés y las despedidas.

La comida fue regada con diversas cervezas, algunas copas de manzanilla, un rico tinto Iceni, elaborado con syrah y tintilla de rota, de las Bodegas Tesalia, de Arcos de la Frontera, en las que se desarrolla un ambicioso proyecto del británico Richard Golding y su familia, con unas instalaciones muy modernas y procesos de elaboración muy cuidados. Además, también probamos el tarantelo, vino de la jovencísima bodega Borriquete Wines, de Chiclana, a la que habrá que seguir más de cerca para comprobar si esos vinos de calidad que pretende elaborar salen a la luz.

Tras unos cafelitos, nos citamos para la siguiente visita, que esperemos que nos dé que hablar.